"Cuando el desencanto se ha convertido en artículo de consumo masivo y universal. Nosotros seguimos creyendo en los asombrosos poderes del abrazo humano" Eduardo Galeano.

Mostrando entradas con la etiqueta Recuerdos fugaces. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Recuerdos fugaces. Mostrar todas las entradas

viernes, 8 de febrero de 2008

Me trae la lluvia...

Llueve otra vez, regresó la lluvia, ya había dejado de recordar como llovía…
Detrás de mi ventana la vida se dibuja con sonrisa de payaso triste y pájaros abrigados con bufandas. Un hilo de agua pasea, travieso, por la cornisa recién pintada y dibuja un carillón de gotas cristalinas. La calesita de la plaza acaba de pasar dando vueltas alrededor de la manzana de mi casa, la pude ver por mi ventana…
Dos chorros de agua, ¡altos! que caen desde el techo en cascada, forman un arco iris que me invita a chapotear en los charcos de la vereda, algunos pececitos de colores me llaman con sus aletas para que vaya a jugar con ellos…
Ya casi no recordaba la lluvia…
Un soldadito de plomo, con una mariposa parada en su fusil, me mira desde el cordón de la vereda tratando de cruzar un río de agua de colores que revienta en una boca de tormenta llevándose destrozado su barquito de papel… pienso ¿podrá cruzarlo?… podría salir a ayudarlo pero ¡no tengo mis botas de lluvia!…
Pienso en las botas amarillas… Mamá no me dejaría salir a jugar a los charcos, hace frío, podría resfriarme…
Pero, saldré de todos modos, porque después de todo, hasta cuando uno grande y la lluvia te invita a mirar por la ventana y se pueden ver cosas que solo están en el corazón de un niño, podés salir a mojarte, aunque no tengas botas de lluvia, aunque te pesques un resfrío y aunque los vecinos se rían a carcajadas porque te ven chapoteando barro en la puerta de tu casa.
La lluvia es mágica, es maravillosa…es esa misma lluvia que cuando éramos chicos nos invitaba a bañarnos en el manantial que provenía de las terrazas, que nos inundaba la vereda para arrojar a ese mar de sueños nuestros barquitos espontáneos, la que nos hacía preocupar porque los pájaros se mojarían y la que nos enseñaba cómo el hornerito aprovechaba el barro de los charcos para su casa, la misma que nos empañaba los vidrios para que pudiéramos dibujar en ellos con nuestras propias manos, sin tizas ni borradores; aquella que nos estimulaba para llenarnos de barro hasta la cabeza y patinar de cola en los surcos pastosos.
La misma lluvia… unos años más.
La imaginación nos da recursos para convertir la rutina en pequeños espejismos fantásticos y nos da la posibilidad de recordar y asombrarse de uno mismo…
El niño que fuimos sigue ahí, donde siempre, solo hay que animarse, un día de lluvia, a dejarlo que se asome a una ventana para que los pececitos de colores lo inviten a jugar en algún charco o para que, aún sin botas amarillas, salga en ayuda de un soldadito de plomo, con una mariposa apostada en su fusil, pueda cruzar un mar de colores debajo de un arco iris minúsculo que ilumina el alma…
Nuestro niño nunca se irá si cuando llueve lo dejamos que se asome a la ventana de la casa de cuando somos grandes… y siempre existirá en la humedad de una tarde de lluvia…
Un abrazo

martes, 22 de enero de 2008

La Siesta Inolvidable

Yo,hasta el último día, fui una más entre los muchos “oyentes-escuchadores” de La Siesta Inolvidable, de sus antecesores, de su genealogía y su “genio logia” ¿se entiende? Si escuhan,si oyen, comprenderán.

Get this widget Track details eSnips Social DNA


El programa ya no está en el aire, pero no lo hemos perdido ya lo enseñó Mario Beneditti en Propiedad de lo perdido “Todo lo que he perdido / es mió irremediablente mió / tan lejano de mi que es desamparo”

Y acá está su Blog, http://lasiestainolvidable.blogspot.com/
Imperdible e “irremediablemente nuestro” como la Siesta misma. ¡Gracias, Donato Antonio Del Ristoro, Gracias por esta “yapita”!

domingo, 13 de enero de 2008

¡Un Cura... una pelota de fútbol, el milagro!

Hace unos días, Miguel Capitan, nuestro corresponsal en el Km. 249, envió, un recuerdo hermoso, donde “la figura de un Sacerdote, llamado Miguel Grimaux, viaja en un Citroën amarillo, haciendo sonar la bocina recorre las calles de nuestro pueblo, arreando a cuanto diablillo suelto, se le cruza, ejerciendo con una pelota de fútbol, el milagro de llevarlos hasta las mismas puertas de Nuestra Señora de la Merced…” (Merece ser leída, la encontrarán en La Gallineta.) Ciertamente es un recordatorio maravilloso, apunta directo al corazón y se instala; cuando algo llega así, se queda para siempre.
Así fue, para mí, mientras lo releía pensé, ¡que bueno sería poder reunir al Padre Grimaux, con aquellos “demonios”, hoy hombres!… y sin más duda comencé la búsqueda, primero fue la Basílica San Ponciano de la Plata, san-ponciano@hotmail.com respondieron rápidamente, “el Pbro. Miguel Grimaux reside en Córdoba en el Arzobispado le podrán ayudar arzolap@satlink.com . Pero no fue tan fácil con el arzobispado de la Plata, aún, no respondió; tampoco el Bolg Grupo Scout María Auxiliadora de Berisso, donde descubrí una foto, de un sacerdote del mismo nombre y apellido, que coincide con la descripción que nos hace Miguel en su relato. Presiento que estamos muy cerca de encontrar al Padre Miguel Grimaux. ¡Ayúdenme, vamos! ¡Busquémoslo entre todos! para que aquellos muchachitos se reencuentren con ese buen amigo, o sencillamente para que el Padre Miguel Grimaux sepa, que hoy, cuarenta años después, en Gral. Guido todavía, “uno de aquellos diablejos” lo recuerda con tanto cariño.

Y mientras esperamos que se haga realidad mi sueño, comparto con ustedes estos versos de otro sacerdote, el nicaragüense, Ernesto Cardenal “Bienaventurado el hombre que no sigue las consignas del Partido / ni asiste a sus mítines / ni se sienta en la mesa con los gangsters / ni con los Generales en el Consejo de Guerra / Bienaventurado el hombre que no espía a su hermano / ni delata a su compañero de colegio / Bienaventurado el hombre que no lee los anuncios comerciales / ni escucha sus radios / ni cree en sus slogans. / Será como un árbol plantado junto a una fuente.”

Todos, sin excepción saben como pienso, lo dije aquí mismo cuando condenaron a Von Wernich, y si había alguna duda, con el Salmo I de Cardenal quedó más que esclarecida, ¿verdad?.
Quién no tiene o ha tenido, una crisis fe, quién no se ha enojado con la Iglesia, con “ciertos” curas, con “algunas” monjas; quién no duda del "Opus Dei". Pero no debemos olvidar que hay, hubo y habrá siempre otros: tantos y tantas, que desde el anonimato trabajan en silencio y que son merecedores de nuestro permanente reconocimiento.
En estos tiempos cuando desde Roma hacen un “Mea Culpa”, “analizan una oración perpetua” Muchos nos preguntamos, ¿alcanzará?...

Entonces llega Él, a tiempo, siempre a tiempo, me rescata de la angustia, de la incertidumbre, de la desesperanza, me apacienta… y en esa calma interior la vida resplandece.
Y con humildad franciscana le pido "Perdóname, no como yo perdono sino como tú, perdonas, sin dar lugar al rencor. No me dejes caer en la tentación de acumular lo que otros necesitan. De ver con desconfianza a los que no son como yo y líbrame del mal que me amenaza: la soberbia, la ira, la envidia. Amén"

¡Hasta la próxima Buena Noticia!

miércoles, 9 de enero de 2008

Que lindo es recordar


Cuando leo todo lo publicado en este blog me remonto a mi infancia, cuando miro lo de la escuelita me recuerda a los picaditos de barrio o los campeonatos en la canchita de la ruta, y aunque siempre fui patadura ahora de grande reconozco el esfuerzo que hace toda la gente que esta al lado de los chicos solo por amor por hacer jugar a todos a los buenos y a los pataduras por el premio o por " lo importante es competir jugar y divertirse", también recuerdo los corsos cuando se hacían en la calle San Martín enfrente a el Cicles Club y hasta me parece ver un mostrador gigante de madera y detrás de el beto Marin gritando "hay nieveeee",los disfraces, los mascaritas, y las carrozas aunque sea de papel de diario pintadas pero hechas a pulmón y ni hablar de todos nosotros corriendo con un tarro de nieve y tirando los pantalones de nuestros padres para que nos compren otro mas, y también fuimos parte de alguna carroza, que desde arriba mirando la multitud y con una sonrisa saludábamos alegremente a todos los que desde abajo nos aplaudían con gran alegría, y obviamente como no voy a recordar los carnavales que se hacían por la tarde en los barrios y en todo el pueblo, que nos juntábamos con amigos y salíamos como en patotas a buscar mas gente para armar guerras de agua y sentir el ruido de los talones corriendo por las veredas para que una "bombucha" no nos alcanzara, o por que no algún jarrazo baldazo o lo que hubiera para tirar, porque lo importante de todo es como lo dije antes era divertirse, y bueno esto es lo lindo de compartir estas cosas en las ruedas de mate que vos liliana fuiste la pionera de esta gran y maravillosa idea, creo que yo no debo de ser el único que recuerda estas cosas, y considero que tuve una infancia muy feliz y que una de las grandes cosas en la vida es usar el espejo retrovisor y mirar hacia atrás para recordar.

martes, 8 de enero de 2008

El que toma mate vuelve...

Nadie se salva de este veranito tropical, que como dice Miguel (a quien quiero felicitar, de todo corazón por su premio y por su trabajo) con sus tardes más largas, debido a la era Cristina, nos llena de anocheceres tardíos y soles de las veinte treinta entrando por las ventanas, que abiertas, buscan encontrar un “resuello” de aire fresco. Ni Mar del Plata se salva de las altas temperaturas, ni con el mar refresca por la noche… en fin, el cambio climático es un tema para tratar aparte.
Y acá vengo, regresando, porque el que toma mate vuelve y porque, como dice Liliana, siempre es necesario un recreo y solo es preciso ver donde podemos encontrar ese tiempito y darnos cuenta que quizá solo está dentro nuestro…
Quizá los corsos sean la oportunidad propicia para dar ese recreito que tanta falta le hace a nuestro corazón, porque además de volver al pueblo disfrutaríamos de la alegría y del colorido que nuestras comparsas nos regalan en esas noches de enero y además siempre es buena la oportunidad de recordar, siempre es favorable la memoria, evocando viejos amigos, reencontrándonos con otros, perpetuando momentos vividos de otros tiempos y aprovechando el calorcito poder darnos un baño de espuma con alguna barra encarnizada, con el Rey Momo mirándonos desde lo alto, esperando su última noche para hacer conocer su testamento. Y como todo es recuerdo, los acompaño con algunas imágenes que me recuerdan los carnavales...
El espíritu del carnaval contagia alegría, hace volar la imaginación y nos da las alas necesarias para seguir soñando que podemos volar…
Les dejo este, mi aporte al recreo del alma, no tiene título, habitualmente mis poemas no lo tienen… el que quiera, que lo anote…

Fugarse más seguido
por las tardes.
Andar descalzo en la amplitud,
vivir huyendo...

Evaporarse, salirse del reloj,
Y aún sí, no terminar de irse,

Eclipsar al viento en retirada.
Perseguir al sol por horizontes
rojos y violetas.
Recibir a la luna en un abrazo
Velar de noche las estrellas,
boca arriba,
Y tirarse más tiempo
de espaldas en el pasto

Reducirse, domarse,
nutrirse de montañas.
Sentirse un gigante en la pradera.

Apuntalar el mate en la nostalgia del pasado
Observar por la mirilla hacia el futuro

Descansar en la avidez de la memoria,
respirando tradición y pasatiempo…
Adormecerse en brazos de la vida,
y volver a disfrutar de los recreos.

Conciliar sueños y viejos resquemores
Perdonar y olvidar,
hacer las paces,
volver a barajar nuestras virtudes
y recibir a viejas amistades

Hacer nueva la amistad de cada día
y reírse un poco más de la rutina,
Abrazar con más ganas…
fundirse en la esperanza
de valorar la vida.

martes, 11 de diciembre de 2007

La poesía es el lugar donde todo sucede. Alejandra Pizarnik

Hace unos días, agradeciendo el comentario que Diego Sachella, éste amigo, Dolorense, con el que por esas “casualidades”, me tope un día, mientras vagaba a la deriva, en mis primeras travesías por Internet, había dejado en “Limites” la poesía de Juan Gelman, dije: algún día voy a contar cuando conocí a Alejandra Pizarnik. ¡Que sea con todos los detalles! pidió Diego.
Hoy, al abrir mi casilla de correo repleta de lindas noticias, encuentro el mensajito avisándome que hay un comentario aquí, en la Matera… Me recuerdan la promesa de contar como fue que conocí, Pizarnik. Tengo que salir para hacer unos pagos, así que “posteo” (estoy aprendiendo) el “Resereando” de María Bernarda y me voy, con el compromiso de reanudar la charla a mi regreso… y aquí estoy.
Para mí, el mate, amargo, pero si ya lo empezaron dulce, acepto uno, mientras sube la foto.

¿Linda, verdad? … Bueno, hace mucho, tanto como treinta y nueve años, entrevistamos a Alejandra Pizarnik en su departamento de la calle Montevideo al 900, dos compañeras de curso, y yo. Éramos un equipo; el mismo que un mes antes había visitado al Historiador, Profesor Vicente Sierra, quién nos recibió en su enorme y luminoso estudio, poblado de libros. Nuestros trabajos, junto a otros, se publicaban en una revista del colegio, pocas veces hablo de esto, por que no guardo nada, todo está en mi memoria. La grabación, casi inaudible, y el Libro “El Árbol de Diana” que Alejandra Pizarnik me autografió aquella tarde, se lo regalé a nuestra profesora de Literatura, muchos pensaron que lo hice para aprobar la materia…hacen bien en pensarlo ustedes también.
Siempre fui una alumna regular, mis compañeras de equipo, eran muy buenas y disciplinadas, pero yo, de las que “zafaban”. Cuando nos dieron el trabajo de entrevistar a un escritor, ellas, querían encontrarse, nada menos que con Borges, a mi la idea me gustaba, sobre todo porque hacia poquito habíamos leído “Ficciones” uno de sus maravillosos cuentos “Ruinas Circulares” me había sugestionado, a punto tal, que por las noches cuando no podía conciliar el sueño deducía que “quién me estaba soñando, me soñaba despierta”…Quizá para comprender lo que digo se haga necesario leer el cuento. Leer a Borges siempre es un placer.
Sigamos con el relato de mi encuentro con Alejandra Pizarnik. Ese mediodía llegué a mi casa, y fui derecho a un librito que llevaba por titulo "Los Nuevos", o algo parecido, donde había leído entre otros, a Pizarnik y tenía grabada la imagen de “mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos” ¿Cómo sería Alejandra Pizarnik? ¡Era la oportunidad de saberlo!, sin vueltas, me fui hasta la casa de mis abuelos, que quedaba a una cuadra de mi casa, para llamar por teléfono a la editorial. Centro Editor América Latina, si mal no recuerdo, era aquella editorial, ellos me orientaron como localizar a la escritora. Me comuniqué esa misma tarde y Pizarnik dijo: Sí, las espero. Así de sencillo.
A la mañana siguiente aparecí en el colegio con la noticia. Teníamos la entrevista…mis compañeras rezongaron un poco pero, cuando la profesora se enteró de quién iba a ser nuestra entrevistada, exclamó ¡brillante idea!. Alejandra Pizarnik era su poeta preferida.

-¿De quién fue la idea? Preguntó. Y como éramos un equipo dijimos a coro: de las tres y allá fuimos, con el grabador Gelosso, que nos prestó mi padre, que también, nos acompaño hasta la entrada del edificio, no recuerdo si nos espero, pero seguramente lo hizo, protector como era su costumbre.
1968. Al vernos, el portero pregunto: ¿Señoritas, dónde van ustedes?, y a coro dijimos: a entrevistar a Alejandra Pizarnik, por que éramos un equipo. Fue él quien llamó al ascensor que nos depositó en el palier, antes de tocar el timbre, la puerta se abrió, seguramente, también, fue él, quien avisó que estábamos llegando.
La recuerdo, pequeña, cabello corto, muy negro, tanto como sus ojos, sin maquillaje, vestida con una polera negra y un pantalón que parecía quedarle grande. Las persianas estaban bajas, la única luz brotaba de una lámpara de pie, que junto con un sillón y una mesita ocupaban el rincón derecho de la habitación; ella se sentó en el sillón, justo debajo de esa lámpara, se volvió entonces, visible. Sobre la mesita dónde estaba el teléfono, acomodé el grabador y mientras desenrollaba el cable para enchufarlo, Pizarnik preguntó ¿Quién de ustedes llamó?.
Nos miramos las tres, éramos… pero tímidamente dije: yo
¿Y porque a mí? dijo
Entonces, comencé diciendo que había leído…
¿Qué? Me interrumpió.
¿Y ahora, cómo zafas? Pensé. No sabía nada de ella, ni de sus libros. Lo juro, Nada, ni entonces ni ahora.
Ella encendió un cigarrillo, mi dedo índice se hundió sobre la tecla roja del grabador, tan colorada, como sentía, ardía mi cara de vergüenza. Y me escucho decir “una mirada desde la alcantarilla puede ser una visión del mundo la rebelión consiste (sumo su voz a la mía), en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos”.
Se levantó entonces, y desapareció detrás de una puerta, por un momento, todo fue silencio y penumbra, hasta parecía haberse llevado la luz de la lámpara con ella. Cuando la vimos reaparecer traía en la mano un libro: “Árbol de Diana” prologado por su amigo Octavio Paz, Lo firmó y me lo entregó. En el Gelosso la cinta giraba y giraba registrando los sonidos, su voz lejana “Nada, puedo decirles, de mí que pueda resultar interesante”, habla de una beca en Nueva York, mientras busca apoyo en el marco de la puerta, por la que antes había reaparecido; comenzó a sonar el teléfono, el que estaba sobre la mesita, pero ella parecía no escucharlo… “viví en Paris. Me gustan las noches, el silencio…” sigue diciendo mientras camina hacia la puerta por la que habíamos entrado minutos antes… “para escuchar las voces abrumadas…” ya se vuelven inaudibles sus palabras tapadas por el timbre del teléfono que vuelve a sonar con insistencia, pero ella al parecer sigue sin oír. Abrió en aquel momento, la puerta y supimos que la entrevista había terminado; fui la última en salir, tuve que desconectar el cable y guardar el grabador en el bolso, la puerta se cerró, en el preciso instante que volvió a oírse la campanilla del teléfono, nunca olvide ese detalle… la campanilla de ese teléfono sonando y sonando.
En absoluto silencio ascendimos al ascensor, y así llegamos a la Planta Baja. Cuando pasamos frente al portero, éste se nos adelantó, abrió la puerta y nos despidió con un estudiado, "Tengan ustedes muy buenas tardes Señoritas". Ya en la calle, mis compañeras, protestaron… ¿para esto vinimos?. Sí dije, para conocer a una poeta, y la conocimos. Ya no éramos un equipo. Ese fue el último trabajo que hicimos juntas. Pero que importancia podía tener eso… yo, había conocido a Alejandra Pizarnik.
Años más tarde, 1972, en la mesa que fuimos a ocupar en la confitería “Las Artes”, Figueroa Alcorta, frente a la Facultad de Derecho, habían olvidado su libro “El árbol de Diana” mientras lo abría, recordé la cita con la que comenzaba nuestro trabajo “La poesía es el lugar donde todo sucede” nos dice Alejandra Pizarnik
Confié entonces, a mis ocasionales acompañantes, que yo había conocido a la autora de ese libro, se miraron… y preguntaron a coro, como si fuesen un equipo ¿ de verdad?.
Ese fue el año que Alejandra Pizarnik, murió. Esa fue la última vez, hasta hoy, que conté como la conocí; pero les confieso que cuando veo, cuando miro una rosa, no puedo dejar de escucharla decir “que la rebelión consiste en mirarla hasta pulverizarnos los ojos”.

Y ahora sí, acepto otro matecito… y si es amargo, mucho mejor

sábado, 8 de diciembre de 2007

A la vuelta de la esquina

Voy a contarles como cuento yo las cosas, desordenadamente, a borbollones.
Hace tanto como doce años, llegaron a mi barrio unos muchachos de Lobería, y yo de metida, ustedes ya me conocen, ofrecí ayudarlos hasta que se adaptaran a la nueva geografía, aquí el almacén, allá la verdulería, la panadería justito doblando la esquina… en fin.

¿Pueden creer? ¡aceptaron! No tardaron en llegar las tardes de mate, noches de mesas redondas donde siempre cabía un plato más, picadas, cervezas y charlas. Fueron por aquellos años “enrevesados de mi vida” los vecinos que franqueaban la puerta cada día en el momento justo y sin ellos saberlo, me rescataban. Por ellos conocí Lobería, y ya que estaba cerca fui a Necochea, lugares, junto a Quequen, Energía… de los que mi padre guardaba muchísimos gratos recuerdos.
Un día los muchachos volvieron a sus pagos. Cuando llegaba el nuevo siglo, yo me mude. La mudanza y el tiempo hicieron lo que suelen hacer, perder cosas.
Durante estos años nada supe de aquellos chicos de Lobería…
Cada tanto los recordaba, ya fuera por que había fútbol y coincidentemente yo cocinaba pollo, motivo suficiente para que me acordara de las apuestas que Danii, fanática de River, con Oscar fana de Boca, se jugaban, el que perdía pagaba con un pollo. River, no era éste River, ni Boca éste Boca, así que Oscar, pagó varios pollos…
Cuando giraba la perilla para encender la parrilla de la cocina, recordaba el día que los muchachos trajeron el cordero, lo estaqueamos en la cruz del asador y para avivar el fuego Daniel, por entonces, mi marido, no tuvo mejor idea que darle aire con el compresor, ¡la primera ves, podes creer exclamó Oscar, que voy a comer cordero al compresor!…
Sí veía una mudanza chiquita, o alguien cargando un colchón en una camioneta, traía a mi memoria la tarde que los chicos dejaron la casa.
Pero ustedes, ya me conocen, me han escuchado decir hasta el hartazgo que siempre, se puede… así que este año me propuse encontrarlos, ir a Lobería, ¡imposible!. Fue entonces, que apareció frente a mi un escrito que lleva por titulo “Mi Lobería” de Johanna Belén Rodríguez 13 años, de la Escuela EET Nro 2, Lobería Enviada a través de FM 93.5 “La Radio”, Necochea y publicado en Argentina Pueblo a Pueblo el 29 de agosto de 2006. Dude, pero escribí el 30 de octubre ¡Hola! busco a unas personas de allí, de Lobería, que durante un tiempo vivieron en Banfield, fueron mis circunstanciales vecinos. Aproximadamente hace doce o trece años visite Lobería, allí conocí a sus familias, ¡cuanto apreciaría reencontrarlos! ¿Podrás, ayudarme? uno de ellos se llama Sebastián y por entonces estudiaba "mecanica Dental", la mamá tenía un negocio de Sandwiches en Lobería; el otro es Oscar Colino, lo último que supe de él es que daba clases de tenis. Gracias y muy linda tu reseña.
Y seguí con mis cosas, mis cosas, ustedes también, a esta altura las conocen, sumar recuerdos de nuestro General Guido, contarles historias para que no se pierdan, mantener el blog activo, para que más y más gente nos visite, juntar libros, esta vez para la escuela Nº 16(No lo olviden), atender mi casa, mi hija, mi madre y mis mascotas, que de tanto en tanto tambien requieren mi atención…
Pero llegó el 19 de noviembre, día especial, “las casualidades” volaban en bandada, “los ecos” parecieron generarse en Epidauros, una foto de "Arenas Verdes" reaparecio sobre mi escritorio y me llevó derechito a Lobería, ¡era una señal!, abrí Argentina Pueblo a Pueblo y allí estaba la respuesta “quiero comentarle a Liliana con nota 30 de octubre que contactándose con mi mail xxxxxxxxxxhotmail.com estará en contacto con Oscar Colino pues es mi socio pero no se lleva muy bien con internet.
Por supuesto, envié en ese mismo momento el e-mail con mis teléfonos y esperé hasta que llegó la voz de Oscar ¡Hola! ¿Podes creer?... (Esa era y sigue siendo su muletilla) hablamos todo lo que se puede hablar en cuarenta minutos…
Reencontré a uno, de aquellos vecinos, al buen amigo Oscar Colino, pero no sabía que ganaba otro, Pablo Ledesma. El viernes escribí a Pablo para agradecerle y a vuelta de correo me llega este e-mail “Hola Liliana, como estas. Te cuento que te encontré en Pueblo A Pueblo de Clarín, y te imaginas cuando vi que lo buscaban a Oscar Colino me empecé a reír y lo llame para decirle que había quedado debiendo en Banfield que lo estaban buscando por Internet (jajaja). Después él me contó quien eras y te comento, que nosotros nos conocimos en una visita que le hicimos a Oscar allá por el 95 y nos comimos un lechoncito en tu casa con vos, Daniel y tu hermano y guardo de aquel día un recuerdo maravilloso de los amigos de mi amigo. Así que me encanto poder ser el nexo para que se puedan reencontrar con Oscar y no perder esas cosas, que vaya uno a saber porque, se pierden con el tiempo y la distancia. Te cuento Liliana, ya que sos una internauta, que estoy trabajando en Turismo en mi municipio y te invito a visitar nuestra página que es www.turismoloberia.gov.ar así ves como esta el pueblo de tu amigo. Bueno te mando un abrazo grande y después del tiempo agradezco tus atenciones aquel viaje mió por Banfield, un beso y a tu disposición. Pablo Ledesma
Definitivamente reencontré a un amigo y gane otro, es que, copiando al inolvidable Hamlet Lima Quintana “hay gente que con solo decir hola llega hasta los limites del alma… y uno sabe que a la vuelta de la esquina, ahí nomás en Lobería, hay gente así… tan necesaria. ¡Gracias Pablo!

Arenas Verdes Lobería, Provincia de Buenos Aires, Argentina.

¿Podes creer?


Nota: vaya mi agradecimiento para Johanna Belén Rodríguez y Argentina Pueblo a Pueblo, sin ellos, este reencuentro hubiese tardado un poco más.

lunes, 22 de octubre de 2007

Recuperando memorias...

Cada domingo que voy a Guido don Guebara no erra verso, siempre en la mesa se manda algún recitado, asombra comprobar su buena memoria. A Vacarezza, además de admirarlo, se lo debe saber todito... algunas frases van quedando en el inconsiente colectivo familiar, algunas tradiciones, algunos versos sueltos... la Biblia Gaucha, refranes y consejos del viejo Irala/ Romance de Ciriaco Ponce debe haber pasado algún día por casa, ya no está, pero todo está guardado en la memoria... yo para preservarla me puse en campaña para conseguir "mi Biblia Gaucha", pero por ahora conseguí este poema de Vacarezza para compartir con ustedes, que ahi va:

Quien dijo: el amor es ciego
dijo una exageración;
en mi modesta opinión,
yo apenas digo que es bizco
porque lo mira a Francisco,
y lo está viendo a Ramón.

La mujer que uno mantiene
y no cumple como buena,
aunque decirlo me apena,
es gallina bataraza
que come el grano de casa,
y pone el huevo en la ajena.

Toda vela se consume
a fuerza de tanto arder:
y lo que tiene que hacer
el hombre, pa' ser dichoso,
es dejar de hacerse el mozo
cuando empieza a envejecer.

Encargarle a los amigos
el cuidao de nuestras chinas,
suele aumentar las espinas
y trae los mismos engorros,
que encomendarle a los zorros,
el cuidao de las gallinas.

Desconfiá de la mujer
que no dentra a la cocina,
y no se arrima a la tina
de lavar ni por descuido.
En las pilchas del marido,
se vé el amor de la china.

Dicen que las suegras son
gritonas y testarudas.
La mía jué tan sesuda
que en veinte años de casao
ni una vez me ha rizongao,
la pobrecita era muda.

Saber elegir mujer
es mucha sabiduría
pues nadie decir podría
a salvo de todo engaño
si la que elige pa' un año
le va a durar más de un día.

Tampoco te acongojés
por desgracia que no es cierta
al lao de una china muerta
hay otra que mete ruido
y ande se muere un marido
viene otro marido en puerta.

Alberto Vacarezza
Todos seguramente hemos escuchado algún refrán de Vacarezza, solo que quizá no sabíamos de quien era, podemos recuperar el refranero popular, nuestras raíces nos lo están reclamando.
Un abrazo

miércoles, 17 de octubre de 2007

Siempre se puede...

Corría el año ´80, yo tenía apenas cuatro años, mis viejos, socios del Círculo de Lectores, encargaron un libro para mí... Un día apareció en un sobre "Juan Salvador Gaviota"... en sus primeras páginas, entre los aleteos, se puede leer, con letra de mi mamá, mi nombre y el año...

Yo no sabía leer, pero sistemáticamente mis padres iban leyendo noche a noche unas páginas sentados al borde de mi cama...

Con los años adquirí el gusto por la literatura, tanto por leer como por escribir y todavía me pregunto cúanto tuvo que ver este libro en mi vida, para ser como soy, para sentir como siento... Y tal parece que indefectiblemente todos somos un poco Juan Salvador Gaviota...

Todas las noches para mí amanecía, y el nuevo sol pintaba de oro las ondas de un mar tranquilo... Pero alejado y solitario, más allá de las barcas y las playas estaba practicando Juan Salvador Gaviota...

Las gaviotas, como bien es sabido, nunca se atascan, nunca se detienen...

...Para la mayoría de las gaviotas, no es volar lo que importa, sino comer. Para esta gaviota sin embargo, no era comer lo que le importaba, sino volar.

Así entre vuelos razantes y curiosidad infantil iban transcurriendo mis noches... papá y mamá iban pasando las páginas, aprendiendo a ser padres y enseñando sin darse cuenta...
Tantas veces intentaba Juan Salvador Gaviota, tantas veces practicaba sus planeos de libertad que mis intentos de vida se fueron transformando en mi propia libertad, las emociones que transmitían las aventuras de esa gaviota iban arraigandose al alma como si posteriormente fuera a desarrollar esas mismas aventuras. Por la mitad de la primera parte yo sentía que ya podría volar... ¡Cuánto mayor sentido tiene ahora la vida! En lugar de nuestro lento y pesado ir y venir a los pesqueros, ¡hay una razón para vivir! Podremos alzarnos sobre nuestra ignorancia, podremos descubrirnos como criaturas de perfección, inteligencia y habilidad. ¡Podremos ser libres! ¡Podremos aprender a volar!
El Consejo de las Gaviotas llamó al centro a Juan Salvador: y pensó: ¡la Bandada de la Comida ...esta mañana: vieron el Descubrimiento! pero yo no quiero honores. No tengo ningún deseo de ser líder. Sólo quiero compartir los que he encontrado, y mostrar esos nuevos horizontes que nos están esperando... pero no lo admiraban, lo avergonzaron con palabras crueles y corría el riesgo de que lo expulsaran de la sociedad de las gaviotas a vivir solitario en los Lejanos Acantilados. Y ante la injusticia alzó la voz: ¿Irresponsabilidad? ¡Hermanos míos!-gritó-. ¿Quién es más responsable que una gaviota que encuentra y persigue un significado, un fin más alto para la vida?. Durante mil años hemos luchdo por las cabezas de los peces, pero ahora tenemos una razón para vivir; para aprender; para descubrir; ¡para ser libres! Dadme la oportunidad, dejadme que os muestre lo que he encontrado... la Bandada, entonces le dió la espalda y cerró sus oídos...

Juan siguió aprendiendo, aún solitario continuó su camino; aprendió a volar y no se arrepintió del precio que había pagado. Juan Gaviota descubrió que el aburrimiento y el miedo y la ira, son las razones por las que la vida de una gaviota es tan corta y al desaparecer aquellas de su pensamiento, tuvo por cierto una vida larga y buena... trascendió sus propios límites y voló al cielo prometido, él siempre había sido capaz de volar más alto, y así lo hizo...

La segunda parte ya no importaba, como todo niño de cuatro años fueron apareciendo otros intereses que se llevaron a Juan volando lejos, pero lo que no me dí cuenta es que él había quedado parado en el respaldo de mi cama, susurrando, alentándome a volar, a superarme y a no sentirme sola en la búsqueda de la libertad...

Años más tarde, cuando ya fuí adolescente, Juan volvió una tarde de lluvia a recordarme que le debía una segunda parte... tomé el libro, desvencijado por una mudanza y las garras de mi hermano que le miraba los dibujitos; y me senté a comenzar a pagar esa deuda con una gaviota que había pasado años esperándome...

Entonces, Juan vivía en su cielo, ese cielo anterior que lo llevaría de cielo en cielo, ese que no es un lugar ni un tiempo, porque el lugar y el tiempo poco significan... Trabajaba arduamente para lograr volar por el pasado y el futuro y para seguir subiendo y comprender el significado de la bondad y del amor... y Rafael tenía razón: Gaviota que ve lejos, vuela alto...

Siempre hay motivos para aprender, siempre hay tiempos de perdonar, siempre hay oportunidad de volver, solo hay que animarse a ser libres, aprender a ser libres... no importa que nos exilien, no importa que nos hieran con palabras, no importa que no nos escuchen, a pesar de todo siempre alguien nos escucha, siempre existen compañeros de bandada en las mismas circunstancias... A veces uno elige exiliarse, otras a uno lo exilian pero eso no significa que deje de sentirse parte de la Bandada, que no la extrañe, que no la añore y muchas veces hasta desea volver a ella y secretamente ella desea que uno vuelva... hasta que por fin, de a uno, lentamente, aquellos que nos exiliaron comienzan a cruzar la delgada línea para comenzar a volar con nosotros, para que un Juan Salvador Gaviota les enseñe a volar, hasta que uno a uno todos van dándose cuenta que sí se puede, ¡¡¡se puede volar!!! y que la única ley verdadera es aquella que conduce a la libertad, no hay otra... La manera de volar siempre está al alcance de quien quiera descubrirla y esto nada tiene que ver con el tiempo... La clave está en amar lo suficiente a la Bandada como para volver a ella y ayudarla a aprender... y esto también significa seguir construyendo nuestro propio cielo...
No hay límites, ellos solo están en nosotros mismos, nuestra propia carrera hacia el aprendizaje comienza en nosotros mismos, solo debemos amar lo que vemos y vernos tal como somos, así aprenderemos a volver siempre a la Bandada...

La Bandada siempre está ahi, solo debemos aparecer en la playa, enseñar lo que hemos aprendido y dejar que los demás nos muestren nuestros propios errores, solo ahí nuestra carrera al aprendizaje habrá empezado verdaderamente...

Juan Salvador Gaviota somos todos, algunos nos damos cuenta a tiempo, cuando nuestros padres nos leen el libro a los cuatro años, otros cuando son adolescentes y leen las segundas partes, otros más adelante, pero todos tenemos tiempo de ser por un instante ese Juan que nos enseñe el verdadero sentido de la libertad.

Es tiempo de aprender y de volar...
sí, se puede... siempre se puede...

domingo, 2 de septiembre de 2007

Sí, Sí Señores, yo soy de Banfield!!!

Pase por La Gallineta pero no compre tortas negras porque igual que vos, María, sólo como las de la Espiga de Oro.
¡Y llegó septiembre!… y sí, claro que se sintió el rasguño de Tigre, pero siempre hay otra oportunidad.
Cuando yo nací… cuenta la leyenda, los amigos de mi abuelo Cesáreo lo esperaron en la cancha de Banfield para felicitarlo por su “abuelazgo” y entregarle el regalo… una muñeca, que todavía conservo. Yo me arrulle con el sonido de los nombres de Eliseo Mouriño, de Calics, Suarez. Mi abuelo nunca dejo de ir a la cancha, ni aún en aquellos años cuando la hinchada parecía haber abandonado al equipo, el Tata Cesáreo estaba firme, prendido al alambrado perimetral; a pesar de tener su platea, gallego tozudo, le gustaba ver el partido detrás de los arcos. En la década del sesenta el barrio se tiño de verde y blanco, por esos años, llegamos a ser los primeros. Y siempre esos nombres coreados, alabados y “puteados” hasta la disfonía… San Filippo, Bertulessi, Cantero. En el principio de los setenta nos fuimos… pero volvimos a primera, un año después con La Volpe, Taverna, Mateos. Por entonces, mis amigas y yo no nos perdíamos un solo partido, ¡coooorrectamente! mi querida María, "absolutamente atraídas" por los gladiadores albiverdes, las tres sentaditas, en la platea baja, seguíamos atentas el juego. Para nosotras, siempre jugaban, muy bien, teníamos veinte años, poco fútbol y mucha hormona. Cuando Adolfo Pedernera dirigió a Banfield, mi abuelo iba todavía a la cancha y a la vuelta hablaba de Orte, Sacconi, Corvo, Vila.
A fines de marzo del setenta y siete, el abuelo dejo de ir a la cancha… ahora solo quedaba el murmullo que el viento nos traía los sábados, y algún comentario con tío Mochi, nada importante.
En los noventa apareció Zanetti y Comizzo y Julio Cruz, y volvimos a hablar de fútbol aunque sobre final de la década perdimos la categoría. Tío Mochi, ya no estaba, pero el rugido del Florencio Sola segía alli vivando la localía.
El nuevo siglo, nos devolvió a nuestro lugar. En 2003 con Falcioni logramos disputar torneos internacionales… ¿Qué tal?, Banfield participó de la Copa Sudamericana y de la Libertadores de América. Y estuvimos en los cuartos de final, y el Subcampeonato del clausura. Y clasificamos para la Sudamericana 2006. Camiseta Naranja para Juliana Martinez, viajó para Guido; la vieja y querida Blanca con verde sigue aquí. ¡Si, si señores, yo soy de Banfield... con algunos magullones, un éste arañazo…
Yo nací cuando Banfield sumaba invictos, llegó a treinta y nueve, nadie lo ha superado hasta hoy… Bueno, ya basta de Banfield; Racing y River,el equipo de mi hermano, de mi hija, empatan en avellaneda el murmullo esta vez viene en la voz del locutor de Radio Mitre.
Gracias por el matecito María, antes de finalizar la charla te digo: querer es poder, y lo digo viendo lo que el padre Manolo Castiñeira hizo en la iglesia. El padre cura quiso y pudo, nuestra querida Parroquia ¡esta hermosa! y todo gracias a él... Empiezo a descontar los días para encontrarnos en Guido María, ya falta menos.
Chaucito… volveré por que ya lo dice el refrán “El que toma mate vuelve”... las Tortas Negras en la Espiga, la próxima, las compro yo.